¿A dónde nos llevará la locura de los precios cada vez más bajos en la piedra natural?

Anil Taneja,

Director, LITOSonline.com

anil.litosweb@gmail.com

 

Si hay un sentimiento en la industria de la piedra natural que en la actualidad es común entre todos los empresarios relacionados con la fase de elaboración, es la sensación de desesperación por los precios cada vez más bajos que se ponen a sus productos. No importa el país, ni si la fábrica trabaja con granito, mármol o cualquier otra piedra, ni si la fábrica es grande, mediana o pequeña, la única tendencia común que quita el sueño a  los empresarios y cada vez los desmoraliza más es que los precios a los que debe ofrecer sus productos para poder hacer una venta, cualquier venta, siempre son más y más bajos. La situación ha llegado hasta el punto en que no importa cómo sea de eficiente una fábrica, después de haber eliminado todos los costes superfluos; muy a menudo incluso los costes de elaboración no están cubiertos por los precios que los compradores están dispuestos a pagar y que ofrece la competencia. Si hay un aspecto del negocio que provoca úlceras entre los sufridores dueños de las fábricas y crea un odio visceral y desconfianza a la competencia, es la pregunta que siempre, cada día, se hacen a ellos mismos: ¿cómo es posible que esa persona dé esos precios tan bajos? ¿No sabe esa persona cuánto cuesta producir una tabla de piedra? Una vez más, el empresario saca su calculadora, marca los números rigurosamente calculando cada coste que está incurrido en la fábrica y, una vez más, llega a la misma conclusión: es imposible igualar los precios que está dando la competencia.

Los precios cada vez más bajos son un fenómeno común en todas las industrias, en casi todos los productos físicos y en la mayoría de los servicios; no es nada nuevo. Se habla de “commodity” cuando toda una industria entra en una espiral de constante descenso de precios. Cuando la rentabilidad de prácticamente toda una industria desaparece por completo y una empresa con un nivel aceptable de beneficios es una rara excepción, la situación es muy peligrosa. Especialmente en 2019, el declive de los precios de las tablas, por ejemplo, existe casi en todas partes. Los veteranos con memoria sacan sus tarifas de hace quince años como prueba: los precios de hoy son más bajos que los de entonces. Y no estamos hablando de formas de pago, que es otra historia, y una razón más para sacar un pañuelo para secar las lágrimas del dueño de la fábrica.

 

CASO DE ESTUDIO DE UNA TÍPICA FÁBRICA ELABORADORA DE MÁRMOL

Lo que sigue es un caso de estudio, un ejemplo de los costes de una típica fábrica elaboradora de mármol en España. Los números pueden cambiar de país a país, de empresa a empresa, pueden ser algo diferentes si hablamos de granito o de otras piedras, pero la mayoría de los propietarios de fábricas coincidirán con la orientación general. En este caso particular, asumimos que la fábrica tiene maquinaria moderna, una estructura administrativa y comercial bien adaptada a la época actual, y está saneada financieramente, sin grandes deudas ni pagos de intereses que pagar cada mes. Esta empresa es de tamaño mediano, lo que significa que su producción diaria es de aproximadamente 1.000 metros cuadrados. El número de empleados oscila entre 20 y 30, y son trabajadores cualificados y con experiencia. Esta empresa cumple con sus obligaciones fiscales: seguridad social, impuestos, etc. Es importante también mencionar que la empresa está determinada a hacer un producto de calidad.

Esta empresa procesa bloques de caliza o mármol de calidad media. El coste de un bloque de caliza de baja calidad en el mercado es, como promedio, de unos 300 euros por metro cúbico; en el caso de material de alta calidad, el precio del bloque suele ser de entre 800 y 1.000 euros por metro cúbico. Consideremos, en este caso concreto, que el dueño de esta fábrica ha exprimido fuertemente a su proveedor de bloques (que también está llorando, y con un pañuelo en la mano) y ha conseguido obtener un bloque de calidad media a 300 euros por metro cúbico.

El coste del corte supone para el dueño de la fábrica unos 100 euros por metro cúbico (incluye electricidad, costes de mantenimiento, mano de obra y coste de corte).

Por lo tanto, el coste de una tabla es de 400 euros por metro cúbico (300+100) y asumiendo que un metro cúbico da alrededor de 40 metros cuadrados de tablas, el coste de una tabla sin pulir es de 10 euros por metro cuadrado.

Ahora añadimos los costes de tratamiento de la piedra (filtración, resinas, epoxis, etc.) y del pulido. El coste medio es de otros 10 euros por metro cuadrado. Añadimos 2 euros por metro cuadrado por el coste del bundle.

El coste de una tabla es ahora de 22 euros por metro cuadrado (10+10+2). No están incluidos los costes financieros, administrativos, de depreciación ni comerciales.

Ahora, vayamos a la jungla (perdón, al mercado). Los hambrientos leones (perdón, compradores) esperan a este serio propietario de la fábrica y personajes sombríos (perdón, competidores) están por todas partes.

¿Qué descubre el dueño de la fábrica? ¡Que hay gente ofreciendo tablas a 14 ó 15 euros por metro cuadrado!

Obviamente, hay algo que falla terriblemente en el negocio. No puede ser una realidad que dure mucho; es una ruina financiera para las empresas serias. ¿Cómo puede alguien dar esos precios? En algunos casos, las fábricas están obsoletas y los propietarios de esas fábricas no tienen un interés real en continuar con el negocio: es sólo cuestión de tiempo que desaparezcan. En algunos casos, no con mucha frecuencia, pero pasa, puede ser una cuestión de liquidación de stock. La mayoría de las veces, sin embargo, es obvio que se están utilizando productos de baja calidad: resinas, epoxys, mallas, etc.  También hay consecuencias para compradores que exprimen el precio, aunque ellos no quieran admitirlo, ni siquiera ante sí mismos. El comprador está adquiriendo un producto de baja calidad, aunque presuma de que sólo trabaja con productos de calidad. El pulido puede irse en unos meses, dependiendo de la aplicación particular. Los refuerzos se despegan. El consumidor final se queja y pierde confianza en la piedra y en su proveedor de piedra. Comprar barato y vender con grandes márgenes puede ser un signo de que se es un buen empresario, pero en la industria de la piedra natural es matar a la gallina de los huevos de oro. La piedra pierde prestigio en el mercado, al igual que las empresas que trabajan con piedra.

Conclusión: ya es hora de que la gente que trabaja en la industria, tanto compradores como vendedores, aprendan a valorar el esfuerzo que requiere hacer un producto de calidad. Puede que una situación de severo exceso de producción con respecto a la demanda requiera que las empresas reduzcan su producción de forma voluntaria en vez de lanzar ruinosas guerras de precios, aunque es más fácil decirlo que hacerlo. Pero la triste realidad es que hay mucha gente poco profesional, ignorante y sin ganar de aprender, que no son conscientes de los costes reales, de lo que es la calidad, y que a menudo no tienen un compromiso a largo plazo con la industria. Demasiados “especuladores” en la industria de la piedra, tratando de hacer dinero rápido para luego cambiarse a una actividad diferente. No siempre es cuestión de que el mercado es difícil, de que hay una crisis económica o un descenso de la demanda de una piedra en particular. La culpa, citando a Shakespeare, no está en las estrellas, sino en nosotros mismos.

 

Agradecimientos: a José Miguel López por compartir la botella de vino que provocó la inspiración para este artículo. Su autor le pidió prestado un pañuelo (húmedo).

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