Stefano Pellegris
En el panorama internacional de países productores y transformadores de piedra, Italia ocupa una posición muy relevante. Una región que desde siempre ha unido su nombre a la belleza y variedad de la piedra extraída es la Toscana, tierra de la que proceden alguno de los mármoles más preciados, como los Cipollini, extraídos en los Alpes Apuanos y en Garfagnana, con yacimientos bastante limitados en extensión y producción.

Los Cipollini pertenecen al grupo de los mármoles listados o a bandas, es decir, con una estructura cristalina constituida por un fondo homogéneo, en general de grano fino y de colores que van del blanco al cerúleo y al grisáceo, presenta venas o bandas, de tonalidad verde o verdosa, paralelas entre ellas y con dirección rectilínea o curvilínea. Tal estructura está constituida por hierro ferroso, clorita y mica coloreada que le dan un aspecto muy parecido al de las capas de una cebolla, de ahí su nombre (Cipollini, en italiano, significa cebollita). Además de las vetas, estos mármoles contienen unos nódulos silíceos de varios colores, muy resistentes a la acción abrasiva de los agentes atmosféricos.
Desde un punto de vista geológico, los mármoles cipollini son originados por una formación de calcáreas policromadas (gris, rosa, verde), ricas en nódulos silíceos con intercalados arcillosos. Los sedimentos calcáreos se ven envueltos en un procedimiento tectónico y metamórfico que los hace plegarse y transformarse repetidamente, originando de este modo los mármoles con las típicas vetas onduladas.
El grupo de los Cipollini cuenta con distintas variedades comerciales que se distinguen entre ellas por el color o por el diseño que muestran sus vetas; se trata, en todos los casos, de materiales de un gran impacto estético, muy apreciados y utilizados en épocas pasadas. Entre las variedades más notables, algunas de las cuales ya no se producen en nuestros días, hay que mencionar:
Además de los principales tipos de piedra hasta aquí descritos, hay otros de indiscutible valor estético:
Los Mármoles Cipollini se emplean tanto en la decoración de interiores para suelos, revestimientos, encimeras de baños y cocinas, como en exteriores para revestir las fachadas de los edificios. Además son utilizados bajo forma de elementos arquitectónicos tales como columnas, mesas y objetos de decoración en general.
Tratándose de un material con vetas, los Cipollini pueden venir cortados "a veta" o "a contra veta" respecto a la dirección de las estrías. El corte "a contra veta", muy habitual, se hace perpendicularmente a la dirección del desarrollo de la veta y confiere al material su aspecto más típico, dada la alternancia más o menos regular de las listas coloreadas, paralelas entre ellas, con la masa de fondo blanca.
Con el corte "a veta", más o menos paralelo al desarrollo de la veta, el material presenta un aspecto "nebuloso", "a manchas", en el cual los minerales que constituyen la veta van formando zonas de colores circundantes a la porción blanca de la masa de fondo.
El tipo de corte depende exclusivamente del efecto estético que se quiera obtener del bloque o de la tabla.
Entre las técnicas de elaboración que más exaltan la belleza del Cipollini, destaca el apomazado, procedimiento con el que se obtiene un material con la superficie perfectamente lisa y plana; con el pulido, en cambio, se obtiene un mármol que refleja la luz como un espejo.
Una técnica de elaboración introducida recientemente es la del cepillado, por medio de la cual el material adquiere un aspecto "antiguo", "envejecido". El mármol se va elaborando mediante cepillos adecuados que lija la parte más blanda mientras se pone en relieve aquella más dura como los nódulos silíceos. El resultado es una superficie irregular que recuerda a la piedra que ha estado expuesta a la acción erosiva de los agentes atmosféricos.
Artículo publicado en la edición impresa de LITOS nº 66, Mayo 2.003
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