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¿Dónde deberían estar las obras de arte, en el lugar en el que se realizaron o en museos donde puedan ser admiradas por todo el mundo y se ofrezcan garantías de su conservación? Este es un tema delicado que mueve muchos sentimientos contradictorios y que figuran en la agenda de muchos políticos. El caso de los mármoles del Partenón, gran parte de los cuales se encuentran desde hace dos siglos fuera de su origen, en concreto en el Museo Británico de Londres, es uno de los más discutidos. Ahora, con Atenas preparándose para los Juegos Olímpicos del año 2.004, el asunto vuelve a la actualidad con más fuerza. A Grecia le gustaría recuperar lo que considera que legítimamente le corresponde y poder volver a ofrecer al mundo toda la magnificencia de sus tiempos gloriosos, representada en su Acrópolis, con el Partenón como joya y símbolo indiscutible.

De templo dedicado a la diosa Atenea durante 900 años, ha pasado a ser a lo largo de su historia iglesia católica, mezquita e incluso almacén de pólvora de los turcos en el siglo XVII. A pesar de tantos avatares, el Partenón se mantuvo intacto todo este tiempo, manteniendo sus metopas, frontispicios y su friso hasta que una explosión destruyó gran parte del monumento. Fue en el año 1.687 como consecuencia del bombardeo ordenado por el general veneciano Morosini. La siguiente etapa negra del Partenón fue el inicio del saqueo. Fue a comienzos del siglo XIX. Grecia estaba bajo el dominio turco y comenzaba en Europa el gusto por la arqueología y las antigüedades. El entonces embajador británico en Constantinopla, Thomas Bruce, conde de Elgin, reunió a un grupo de expertos para realizar ilustraciones de las esculturas y, más tarde, consiguió la autorización (firman) del sultán para llevarse algunas esculturas. (Durante 18 meses, Elgin pagó al gobernador militar de la Acrópolis una suma equivalente a 35 veces su salario, como agradecimiento por haberle concedido el citado firman).

Así comenzó el saqueo, que se prolongó durante veinte años, hasta la Guerra de la Independencia Griega. Este tiempo fue más que suficiente para que fueran a parar a Inglaterra gran parte de los tesoros, no sólo de la Acrópolis, sino de otras zonas de Grecia. Algunos de ellos fueron fruto de las excavaciones pero otros se arrancaron literalmente de los monumentos. Tres barcos se encargaron de llevarse las piezas, algunas de las cuales tuvieron que cortar para facilitar su transporte. El primer destino de los mármoles fue un cobertizo en la propia casa de Elgin y un depósito de carbón, en los que las condiciones de conservación eran pésimas, por lo que el deterioro de las piezas fue importante.

Elgin pretendía vender los mármoles al Gobierno inglés, pero el alto precio solicitado impidió llegar a un acuerdo. Finalmente, en el año 1.816 los compró el Gobierno inglés por 35.000 Libras y los transfirió al Museo Británico a perpetuidad, con la obligación de conservarlos y mantenerlos siempre juntos, y se construyó una sala especial para los tesoros griegos.

A finales del siglo XIX algunas voces dentro del Gobierno británico se alzaron en el sentido de que habría que devolver los tesoros si algún gobierno griego los reclamaba, pero estas peticiones no se tomaron en cuenta. Ya en el año 1.940 una diputada del Gobierno Británico planteó la posibilidad de devolver los mármoles a Grecia, a lo que el Gobierno contestó de manera negativa.

La lucha de Grecia por recuperar los mármoles se intensificó en el año 1.983, siendo Melina Mercouri ministra de cultura , quien reclamó su vuelta al país para reunirlos con los que quedan allí. Posteriores gobiernos griegos han hecho la misma petición, con más o menos fuerza, sin obtener resultados. Tres días después de la toma de posesión del actual Primer Ministro Tony Blair, su nuevo gabinete declaró que no se iban a devolver los mármoles. Dentro del Gobierno británico hay división de opiniones. El primer ministro griego actual, Costas Simitis, espera que para el año 2.004, con motivo de las Olimpiadas de Atenas, los mármoles vuelvan a Grecia, como un acto de generosidad europea. El tiempo lo dirá,

Uno de los argumentos que esgrime el Gobierno británico en defensa de la posesión de los mármoles griegos es que, si no se los hubiera llevado Elgin, lo habría hecho, probablemente Napoleón o, si se hubieran quedado en Grecia, se habrían deteriorado por la polución y por un mal mantenimiento, frente a la buena conservación que ofrece el Museo Británico. Pero esto no ha sido siempre cierto. Por ejemplo, en los años 30 se procedió a una limpieza de los mármoles con una sustancia que los hiciera parecer más blancos y deterioró una parte de ellos. Grecia es en la actualidad probablemente el país más avanzado en lo que a conservación y restauración de piedra se refiere. Otro argumento es que aunque los mármoles volvieran a Grecia no volverían al Partenón, ya que la polución está haciendo estragos en las esculturas que todavía quedan allí, y que Atenas no dispone de un museo lo suficientemente grande como para exponer todas las piezas. Esto último podría solucionarse con la construcción, ya en curso, del nuevo museo de la Acrópolis.

Historia del Partenón

El Partenón se construyó entre los años 447 y 432 a.C. Esta construcción formó parte de la reconstrucción de Atenas, que había sido totalmente destruida durante la guerra contra los persas. Fue durante el gobierno de Pericles cuando se construyó el Partenón y se encargó a Pericles la supervisión artística. Desde entonces, este edificio ha pasado por etapas de cambios y devastaciones que ni siquiera hoy, 2.500 años después, han terminado.

El Partenón estaba adornado con tres tipos de esculturas: las metopas, esculturas individuales en altorrelieve, el friso, de 160 metros de largo, que era una escultura alargada en bajorrelieve que representaba la procesión al templo durante el festival Panateneo, que se celebraba cada cuatro años, y en el que se mostraban los doce dioses y diosas del Olimpo y las estatuas del frontispicio, en altorrelieve. En su interior se encontraba una estatua de la diosa Atenea, de 12 metros de alto, decorada con oro y marfil; esta estatua no pudo ser objeto de saqueo, ya que sólo se tiene constancia de ella por testimonios de la época, ya que fue destruida en el siglo II antes de Cristo, no se conocen las circunstancias.

Pero del resto de los mármoles, la situación está como sigue: de las 92 metopas originales, 39 se encuentran en Atenas y 15 en Londres; de los 115 paneles que formaban el friso, quedan 94, de los cuales 56 están en el Museo Británico y uno en el Louvre, el resto sigue en Atenas; también están en el Museo Británico 17 estatuas del frontispicio, incluyendo una cariátide (columnas con forma femenina) y una columna del Erecteón.


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