Gloria Ayuso
En el número anterior de esta revista una encuesta sobre la utilización de piedra natural en el hogar puso de manifiesto, entre otras, dos cosas muy importantes: por un lado, la preocupación generalizada sobre el mantenimiento y conservación de este material entre marmolistas y particulares, y por otro, el desconocimiento, cuando no desconfianza injustificada, hacia los productos específicos que existen en el mercado para estos fines.
Por eso, en este número hemos abordado un informe que dé a conocer cuáles son los productos, cómo se llaman, qué aplicación tienen y quién los fabrica.
En primer lugar, tenemos que referirnos a dos grandes categorías de productos: los que se utilizan en los procesos de elaboración de la piedra, y los que se aplican para conservación y mantenimiento una vez instalada la piedra. Dentro de esta categoría habría que distinguir además el uso de productos por profesionales de limpieza y mantenimiento en grandes superficies, y el uso doméstico en el ámbito del hogar.
Los requerimientos de cada uno son diferentes y por tanto la formulación, sistema de aplicación y tamaño varían.
A pesar de su sólida apariencia, lo cierto es que la piedra es un material delicado que precisa cuidados específicos para mantener toda su belleza. Como la piel, la piedra necesita una limpieza exigente que cuide sus poros, con suavidad pero con eficacia.
La limpieza puede ser diaria o periódica, la suciedad normal o excepcional, incrustada, pueden darse manchas difíciles; la suciedad puede ser intencionada. Para estos cometidos existen detergentes, decapantes y quitamanchas, así como productos preventivos de tales problemas.
La piedra, como un cutis sensible, requiere también hidratación y nutrición, para soportar incidencias atmosféricas, agresiones mecánicas, para prevenir manchas y en definitiva, para paliar el envejecimiento que produce el desgaste. En este sentido, las cremas, ceras, abrillantadores líquidos o en aerosol, constituyen verdaderos tratamientos de belleza, impermeabilizando los poros, intensificando el color y proporcionando un brillo espectacular y duradero.
Cuando los tratamientos preventivos no se han realizado correctamente, o los materiales han sufrido un desgaste extraordinario también existen tratamientos de choque. Es posible no sólo rejuvenecer la piedra natural, sino realizar verdaderas rehabilitaciones cuando está muy dañada.
Limpiar, prevenir, embellecer y conservar, cuatro tareas a las que podríamos añadir la de conseguir "efectos especiales": obtener la apariencia de un suelo siempre mojado, o envejecer un material nuevo para que parezca antiguo en pocos minutos (nunca lo haríamos con nuestro cutis), son posibilidades de algunos de los productos de tratamiento de la piedra que daremos a conocer en este informe.
La limpieza constituye, como en la piel, el primer paso en la conservación de la belleza natural de la piedra. Y en limpieza tenemos que distinguir entre la de materiales expuestos al exterior y los interiores, porque como veremos, sus problemas son distintos.
La limpieza diaria (suciedad normal) de la piedra en interiores se realiza con jabones naturales diluidos en agua. Estos productos se presentan en forma de líquidos más o menos densos. Se trata de productos suaves, ni ácidos ni alcalinos, cuyo uso continuado contribuye a mantener el brillo inicial.
Cuando la suciedad es extrema o aparecen las manchas hay que recurrir a otras fórmulas. La limpieza llamada de fin obra, la eliminación de capas antiguas de cera, la suciedad incrustada en definitiva, requiere de otros productos, detergentes, decapantes o quitaceras que aporten mayor eficacia a estas tareas.
Las manchas merecen capítulo aparte. Los departamentos de I+D de estos fabricantes someten a la piedra natural a todo tipo de sustancias para experimentar nuevas fórmulas eficaces contra las diversas manchas.
Los quitamanchas se presentan en forma de líquidos, en pasta y en aerosol. Tienen un tiempo de aplicación y cuando se retira el producto desaparecen las manchas, si se trata de pastas, o bien desaparecen por entrar en contacto con el líquido disuelto en el agua de limpieza.
Las manchas de óxido, de aceite, de grasas, de vino o de café pueden ser eliminadas de la piedra natural sin tratamientos agresivos que puedan perjudicar la superficie de estos materiales.
En cuanto a exteriores, la piedra de edificios, fachadas o pavimentos está expuesta a condiciones climáticas adversas. Frío intenso, heladas, humedad y contaminación provocan manchas, eflorescencias, musgo, moho, líquenes y suciedad extrema. La pizarra en exteriores, bien en pavimentos o en tejados, sufre un fenómeno de oxidación de la pirita. Limpiar y transformar este óxido en protección es tarea de los limpiadores/pasivizadores.
Los problemas descritos disponen de una solución en el mercado, habida cuenta que muchos productos son polivalentes, es decir, sirven para eliminar manchas y moho, por ejemplo, y más importante, sirven a su vez como tratamiento preventivo de tales problemas. En exteriores no podemos olvidar las manchas intencionadas: pintadas o graffittis, frecuentes en fachadas y que disponen de productos específicos.
Para pintadas existen dos tratamientos, el preventivo, que proporciona a la superficie de la piedra una película que facilita la limpieza de eventuales pinturas, y el específico contra pintadas, que unido a métodos mecánicos o chorro de vapor asegura una limpieza definitiva.
Ya hemos apuntado la importancia de una limpieza adecuada para conservar o para recuperar una piedra atacada por manchas. Sin embargo tenemos que resaltar que muchos de los problemas de limpieza estarían casi resueltos sí la piedra se pretratara con los productos protectores existentes.
La piedra es porosa por naturaleza y tiende a absorber los líquidos con los que entra en contacto. Impermeabilizar las superficies de piedra contra las manchas de agua o grasa es tarea de los hidro y oleo repelentes, eficaces tanto en interior como en exterior.
Todas las empresas del informe presentan soluciones diversas a estos problemas. Diferentes texturas y presentaciones para un mismo problema: crear una película protectora y duradera sobre la superficie de la piedra natural que repela los productos que accidentalmente entren en contacto con ella.
Abrillantadores, pulidores, ceras, o barnices, líquidos, en pasta, o en aerosol, brillantes o semi mates, se trata de productos estudiados para realzar la belleza de la piedra. Por un lado actúan cerrando los poros, que se hacen impermeables a las manchas, por otro, reavivan el color y dotan de brillo. Su utilización periódica asegura un buen mantenimiento de la piedra natural. Salvo los denominados "autobrillantes", estos productos precisan un pulido, ya sea manual o mecánico, posterior a su aplicación.
Existe una gama amplísima de abrillantadores en diferentes presentaciones según su aplicación, en interior o exterior, en pavimentos, paramentos, grandes y pequeñas superficies y que podemos encontrar en la totalidad de los fabricantes.
Dentro de este apartado, pero con características distintas, encontramos los "pulecantos" o "canteadores". Se trata de abrillantadores de zonas no pulidas, bien sea por dificultades de la pulidora, por las peculiaridades del trabajo (recovecos) o simplemente, por economía de tiempo. Estos productos funcionan como verdaderos pulidores químicos, haciendo innecesario el pulido mecánico. Los resultados de su utilización son espectaculares.
Muchos fabricantes presentan diversas modalidades de estos pulimentos. Las denominadas pastas abrasivas combinan una mezcla de ceras abrillantadoras con la acción de un fino abrasivo para conseguir también "resultados brillantes" en esquinas y bordes.
Tenemos que referirnos también a los productos cristalizantes. Basan su eficacia en una reacción termoquímica: un ácido débil disuelve el carbonato cálcico (componente de mármol) en la superficie y mezclado con un agente vitrificador, da como resultado una superficie excepcionalmente brillante y muy dura, parecida al cristal. En pavimentos, la superficie se vuelve antideslizante y más resistente a las pisadas. Funciona también como rejuvenecedor de suelos muy deteriorados.
Si los productos de tratamiento, limpieza y conservación de la piedra constituyen en sí mismos un mundo aparte, no lo son menos los necesarios para su instalación y reparación Hace algunos años se experimentaron las masillas de dos componentes: un adhesivo y un catalizador. Simplificar este producto y dotarle de mayor comodidad de aplicación y facilidad de conservación han sido la prioridad de las empresas a la hora de formular las masillas. Todas las empresas del informe disponen de productos equivalentes, pero este capítulo es tan complejo y variado que le dedicaremos atención individualizada en un próximo número.
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